| Ali
Farka Toure (1939-2006)

Ali nació en 1939, en el poblado de Kanau, aledaño
a los bancos del río Níger en el noroeste de Malí.
Fue el décimo hijo de su madre pero el primero en sobrevivir
la infancia. “Perdí nueve hermanos, hijos todos de
mi padre y mi madre. Me pusieron por nombre Ali Ibrahim, pero es
costumbre en África darle un apodo extraño a un niño
si tuvo otros hermanos que murieron.” El apodo que escogieron
para Ali fue Farka, que significa burro, animal admirado por su
fuerza y tenacidad. “Pero aclaremos”, decía,
“soy el burro que nadie puede montar”.
Cuando
Ali era apenas un infante murió su padre, mientras servía
en el ejército francés, y entonces la familia se mudó
al sur, por el río, a Niafunké, el poblado que Ali
consideró su hogar por el resto de su vida.
Niafunké
cuenta con una población de más de veinte mil personas,
y es uno de los más grandes poblados dispersos en esta árida
y semidesértica región. La falta de electricidad y
el hecho de que apenas hace poco instalaron postes de telefonía
contribuyen a la atmósfera tranquila —y siempre hay
una brisa refrescante que sube desde el río. La gente vive
del cultivo, la ganadería y la pesca.
Ali
era el ciudadano más famoso de Niafunké. Pese a ser
conocido internacionalmente, él siempre se consideró
campesino. En Malí la música es en gran medida el
monopolio de castas hereditarias de músicos, pero Ali provenía
de un linaje noble. No hay tradición musical en su familia,
pero muy pronto en la vida tuvo su llamado, lo que lo metió
en la música “mediante su poder”. Ali era hijo
del río.
En Niafunké, como en casi todo Malí, la religión
dominante es el Islam y Ali era musulmán devoto. Pero en
esta parte del mundo el Islam coexiste con un sistema de creencias
nativas mucho más antiguas, conectadas al misterioso poder
del Níger. Se cree que bajo el agua hay todo un mundo de
espíritus conocido como Ghimbala —djinns masculinos
y femeninos con carácter propio, e historia, colores y objetos
rituales simbólicos, cuyo vívido retrato conforma
la mitología local. Estos djinns controlan el mundo material
y el espiritual. Aquellos que tienen el don de comunicarse con los
espíritus son llamados “hijos del río”.
Ali
no recibió educación formal y el cultivo de la tierra
absorbió su niñez. Después fue aprendiz de
sastre. Pero lo hipnotizaba la música tocada en las ceremonias
espirituales de los poblados de los bancos del Níger. Podía
sentarse a escuchar con gran admiración mientras los músicos
cantaban y tocaban los instrumentos favoritos de los espíritus:
la guitarra de una sola cuerda conocida como djerkel, el violín
de una cuerda o njarka y el n’goni, laúd tradicional
de cuatro cuerdas. Su familia no consideró que la música
fuera una ocupación meritoria y no alimentaron el interés
del niño. No obstante, se tornó un joven que con fiereza
buscó su independencia y su propia determinación,
y a los doce años ya tocaba su primer instrumento, una djerkel.
Para Ali fue muy fácil y natural aprender a tocar.
Pero
antes sufrió algunos ataques ocasionados por su contacto
con el mundo espiritual. Lo enviaron a un poblado vecino para curarse
y cuando regresó fue reconocido muy pronto por su poder de
comunicación con los espíritus. Su abuela, Kounandi
Samba, famosa en la zona como sacerdotisa de Ghimbala, tuvo mucha
influencia sobre Ali. Pero después de la muerte de la abuela,
lo disuadieron de volverse sacerdote. “Por el Islam, no quiero
practicar este tipo de asuntos mucho... estos espíritus pueden
ser buenos o muy malos para uno, así que sólo les
canto, es nuestra cultura, no puedes evitarla.” Muchas de
sus canciones hablan de los espíritus, y siempre viajaba
con su violín njarka y con grabaciones de esa música
espiritual que escuchó siempre que le era posible.
De
adolescente, Ali fue taxista y mecánico de autos, además
de ser, durante algún tiempo, piloto de la ambulancia ribereña.
Estos trabajos lo hicieron viajar ampliamente pero continuó
tocando música en las ceremonias y por placer, con grupos
pequeños y como acompañante de algunos cantantes.
Para cuando cumplió poco más de veinte años
ya manejaba con fluidez siete lenguajes malienses y dominaba el
ngoni (el laúd tradicional de cuatro cuerdas), el njarka
y la flauta de bambú propia del pueblo peul. Iba en camino
de absorber un vasto repertorio de música y leyendas de los
varios maestros que conoció en sus viajes.
“Necesitaba
conocer la música y amarla a través de los muchos
héroes fallecidos y los que siguen vivos en esta tierra,
porque la historia permanece. Así que esto me dio la oportunidad
de conocer la cultura de esta música, su saga, su leyenda
y su historia.”
Ali
era sonrai, un pueblo que forma la mayoría de la población
de Niafunké, pero existen muchos otros pueblos en la región
que hablan numerosos lenguajes —el peul (lengua de los pastores
fulani nómadas), el bambara, el dogon, el songoy, el zarma
y el tamascheq, propio de los touareg. Touré cantaba en todos
estos idiomas pero la mayor parte de su repertorio estaba en sonrai
y en peul.
En
1956, durante uno de sus viajes, Ali asistió a un espectáculo
del Ballet Nacional de Guinea, que presentaba entre sus ejecutantes
al gran guitarrista maliense Keita Fodeba. “Ahí fue
que juré hacerme guitarrista. No conocía la guitarra
pero me gustaba mucho. Sentí que tenía tanta música
en mí como él y que podía expresarla”.
Comenzó a tocar en guitarras prestadas y encontró
que era fácil traducir la técnica de su “guitarra”
tradicional a la guitarra occidental. Decía que su único
problema era lograr que las seis cuerdas estuvieran felices, y eso
hacía tocándolas de la forma en que tocaba la única
cuerda de su instrumento tradicional. Más o menos por esas
fechas añadió a sus habilidades musicales las percusiones,
la batería (hizo la suya propia con címbalos y un
tambor bajo) y el acordeón (incluso hizo algunas apariciones
ejecutando el repertorio de ¡Charles Aznavour!).
Cuando
Malí obtuvo su independencia de Francia en 1960, el nuevo
gobierno del presidente Mobido Keita inició la política
de promover el arte y los grupos culturales que se formaron para
representar a cada una de las seis regiones administrativas de Malí.
A partir de 1962, Ali trabajó con el conjunto del distrito
de Niafunké. Componía, cantaba, tocaba la guitarra
y ensayaba con cantantes y bailarines en un grupo que contaba con
ciento diecisiete personas. Se enorgulleció mucho del grupo,
que fue muy aclamado en las competencias bianuales celebradas en
Mopti durante toda la década de los sesenta. Ali ganó
también numerosos premios atléticos. “Lo hice
para que mi pueblo no se quedara en ceros. ¡Soy muy patriota!”
En los sesenta acompañó también a varios cantantes
y tenía su propio grupo. Una grabación de este grupo,
que data de 1963, incluye una pieza cantada en sonrai con ritmo
de son cubano.
En
1968 (el año en que Mobido Keita fue derrocado por Moussa
Traore), Ali hizo su primer viaje fuera de África al ser
seleccionado (junto con reverenciados guitarristas como Kelitigui
Diabaté y Djelimadi Tounkara) para representar a Malí
en un festival internacional de las artes en Sofía, Bulgaria.
Interpretaron arreglos de música tradicional con Ali en la
guitarra, la flauta, el njarka y la djerkel. El 21 de abril de 1968,
estando en Sofía, compró su primera guitarra.
También
en 1968, un estudiante amigo suyo le puso a oír en Bamako
discos de James Brown, Otis Redding, Wilson Pickett, Jimmy Smith
y Albert King. Ali siguió siendo admirador de todos ellos,
sobre todo porque en ellos escuchaba mucho de sus propias tradiciones.
De toda esta música, la que más le impactó
por su similitud con la suya propia fue el blues como lo interpretaba
John Lee Hooker. Lo asaltó de inmediato el pensamiento de
que “esta música fue tomada de aquí”,
y la sorpresa era escucharla cantada en inglés.
En
1970 su trabajo lo llevó de Niafunké a Mopti y después,
el mismo año, a la capital: Bamako. Aquí comenzó
una década trabajando como ingeniero de sonido para la National
Radio Mali. Tocó también como parte de la orquesta
de Radio Malí hasta su desintegración en 1973. Durante
los setenta, atrajo la atención del país mediante
la radio, con su particular estilo de tocar la guitarra. Por consejo
de un periodista amigo suyo envió algunas de las grabaciones
de estos programas a la compañía disquera Son Afric,
en París.
En
pocos meses salió a la venta el primer álbum de Ali
Farka Touré (uno de los primeros discos comerciales de música
maliense) con Ali en el canto y la guitarra y Nassourou Sarre en
el ngoni. Continuó grabando en Bamako y enviando cintas a
París hasta completar siete álbumes. Una colección
de las piezas de estos álbumes fue publicada en el CD Radio
Mali.
Durante
toda la década de los setenta, Ali obtuvo una formidable
reputación en Malí como solista. Fue pionero en la
adaptación de los estilos sonrai, peul y tamascheq a la guitarra,
que perfeccionó con los años. Se mantuvo casado con
su música tradicional, sin comprometerla ni “hacerse
comercial”. Sus canciones celebran el amor, la amistad, la
paz, la tierra, los espíritus, el río y Malí.
Todos ellos están expresados en densas metáforas.
En
1986, uno de los álbumes que grabara para Radio Malí
(reeditado por World Circuit como parte de Rojo y Verde en 2004),
comenzó a generar interés entre los DJs de Londres,
incluidos Andy Kershaw y Charlie Gillet. También atrajo la
atención de la revista Folk Roots. Dado que no había
información en la funda del disco, la revista inquiría
quién era ese músico africano que tocaba el blues
de manera tan particular.
Ann
Hunt, de World Circuit, viajó a Bamako a investigar quién
era este misterioso hombre. Con la ayuda de Toumani Diabaté
se hizo una transmisión en Radio Malí pidiéndole
a Ali que se presentara. Ali se había mudado cuatro años
antes a Niafunké, pero al momento de la transmisión
se hallaba de visita en la capital. Se le invitó entonces
a tocar en el Reino Unido y en 1987, por vez primera desde el Festival
de Sofía en 1968, Touré viajó solo desde Malí
para tocar en sus primeros conciertos fuera de África. Sin
signos de nerviosismo o extrañeza, y con una suprema y absoluta
confianza en su música, hizo una serie de magníficas
presentaciones y se ganó al público en todas partes.
Ese mismo año grabó su primer disco fuera de África
que fue un éxito instantáneo para el sello World Circuit.
A partir
de entonces emprendió extensas giras por Europa, Estados
Unidos, Canadá y Japón y grabó otros cinco
álbumes para el sello, incluidos The River, The Source, y
el ganador del Grammy Talking Timbuktu, en colaboración con
Ry Cooder, que sirvió para confirmar el estatus de Ali como
artista de reputación internacional.
Pese
a su asombroso éxito comercial, Ali se volvió muy
renuente a abandonar su rancho en Niafunké. Nick Gold, de
World Circuit, se dio cuenta de que la única forma de hacerlo
grabar de nuevo era llevar el estudio allá. El estudio se
instaló en una escuela agrícola abandonada, y la grabación
tuvo que ajustarse a los periodos de cultivo, pues la cosecha siempre
estuvo en primer lugar. El álbum resultante fue Niafunké,
lanzado en 1999.
Desde
entonces, Ali retornó a lo que él consideraba su principal
papel en la vida: cuidar de sus tierras y estar con su familia.
Ali estaba tan involucrado en proyectos encaminados a mejorar la
situación agrícola en la región de Niafunké
que la gente de lo eligió alcalde en 2004.
Aunque
por decisión propia se retiró de una carrera de tiempo
completo en la música, y casi nunca volvió a tocar
en vivo, dijo que si se sintiera inspirado, o si tuviera algún
aspecto que debiera ser abordado, grabaría de nuevo. En 2003,
participó en el documental Feel Like Going Home, dirigido
por Martin Scorsese. El film traza la historia del blues, desde
los bancos del Níger al delta del Mississippi, y podría
poner a Ali en contacto con públicos más vastos.
Ali
investigó también la música y la cultura locales,
con el fin de conservarla para las futuras generaciones, lo que
lo impulsó a grabar de nuevo. En 2004, después de
rechazar ofertas lucrativas de presentaciones, Ali aceptó
tocar (sin cobrar) en el diminuto festival Privas en Francia. En
2005, su espectáculo en el Bozar de Bruselas —su primer
concierto importante en Europa después de cinco años,
y donde presentó como invitado especial a Toumani Diabaté—,
fue recibido y aclamado con excitación por la prensa y por
sus admiradores.
En
2005, se lanzó al mercado el primero de los álbumes
grabados en el Hotel Mandé de Bamako. En el corazón
de la luna, su álbum a dueto con Toumani Diabaté obtuvo
un Grammy, lo que hizo de Ali el único africano que ha recibido
dos de estos prestigiados premios. Poco después de la publicación
de dicho álbum, Ali tocó en una serie de brillantes
conciertos europeos con su singular grupo local de ngoni, que se
presenta en su nuevo álbum, Savane, tercera grabación
de la serie del Hotel Mandé.
Tristemente,
Ali no pudo estar para el lanzamiento de Savane. Justo unas semanas
después de ganar su segundo Grammy y de aprobar la mezcla
final del álbum, Ali sucumbió a un cáncer óseo
que sufrió por dos años. Murió el 7 de marzo
de 2006.
En
Malí se le confirió una medalla de honor póstuma
y se le hizo un funeral de Estado al que asistió el presidente,
los ministros del gobierno, los principales músicos de Malí
y miles de personas más. La cobertura mundial de los medios
a raíz de su muerte no tiene precedentes para músico
africano alguno y sus admiradores por todo el mundo siguen enviando
mensajes.
Ali
Farka Touré fue verdaderamente original. Un músico
excepcional que tradujo la música tradicional del norte de
Malí, su tierra natal, y por cuenta propia logró que
el estilo conocido como blues del desierto llegara a los públicos
internacionales. Fue un gigante de la música africana y sus
admiradores de todo el mundo lo seguirán extrañando.
Texto
original de Lucy Durán (actualizado por Nick Gold y Dave
McGuire).
Traducción : Ramón Vera Herrera
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