Ibrahim Ferrer

Ibrahim Ferrer fue el cantante del Buena Vista Social Club, el grupo de veteranos músicos cubanos que se vieron lanzados a la fama internacional a finales de la década de 1990, cuando el mundo redescubrió la música de la isla. Ibrahim era un hombre afable y sencillo, y la fama que gozó en sus últimos años no alteró su carácter. Su vida es la historia de un hombre de gran sensibilidad y entereza.

Nació el 20 de febrero de 1927 en San Luis, cerca de Santiago, en el oriente de Cuba, cuna también de una buena parte de los géneros musicales cubanos, como el son tradicional, que funde vertientes españolas y africanas, o el elegante danzón, de influencias europeas. Su madre estaba en un baile cuando sintió los primeros dolores de parto, e Ibrahim solía decir que había sentido el ritmo del son desde el vientre materno. Creció en el legendario barrio de Los Hoyos en Santiago, famoso por su conga en tiempos de carnaval y por haber dado muchos de los mejores músicos de rumba y son que la isla ha tenido; un barrio bravo donde la santería y la música son parte integral de la vida cotidiana de la comunidad.

Ya huérfano a la edad de doce años, Ibrahim trabajó vendiendo dulces en la calle para sostenerse. Su carrera musical comenzó un par de años más tarde, cuando formó con un primo el grupo ‘Los Jóvenes del Son’ para amenizar las fiestas del barrio. Los primeros pesos ganados de esta forma le dieron satisfacción. Trabajó como carpintero y cargador en el muelle, pero en Santiago lo importante era el son, y pronto empezó a tocar de forma regular en las fiestas y carnavales de la región. La gente comenzaba a notar a Ibrahim a finales de los años cuarenta, cuando estaba desarrollando su talento con varios grupos, como el Conjunto Sorpresa, el Conjunto Wilson y el grupo de Pacho Alonso.

En 1955 tuvo un hit, ‘El Platanar de Bartolo’, con la Orquesta Chopín Chóven, el grupo más famoso de Santiago en aquel momento. Con ese impulso se fue a La Habana en 1957, donde trabajó con la famosa Orquesta Oriental y con el gran Beni Moré antes de reunirse con Pacho Alonso para formar el grupo Los Bocucos, cuyo nombre tomaron del tambor que se usa en Santiago durante el carnaval. En estas actuaciones, Ferrer cantaba sobre todo guarachas y sones con un gran talento para las improvisaciones rítmicas de estos estilos musicales, lo que por otro lado no le dejara espacio para satisfacer su ambición de cantar las melodías más íntimas y pausadas de los boleros.