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Sembrando Semillas - Crónica de una gira
Octubre 2002

En ésta, su primera visita a México, Oumou Sangare decía que, a pesar de las supuestas barreras de idioma, aquí se sentía como en casa. La calidez y la hospitalidad del pueblo mexicano le recordaba mucho a áfrica. Al entrar a la ciudad de Guanajuato, Oumou de repente gritó al chofer, en la mezcla de idiomas que caracteriza una gira de esta naturaleza, que por favor parara el autobús. Inmediatamente bajaron todos los músicos. Habían visto que la bandera maliense volaba al lado de la mexicana y este detalle, inédito en su historia como estrella internacional, mereció una foto para llevársela a la gente de Malí. Llegó a Guanajuato en la mañana después de haber dado su primer concierto en el Teatro Metropolitan, (había sido el más difícil, dice, porque desconocía todavía al público de aquí). Aunque en este concierto Oumou cautivó al público del Festival Internacional Cervantino, fue hasta su tercera entrega, en el Zócalo de la Ciudad de México, que la cantante reveló el tamaño real de su talento y personalidad.

Este concierto del domingo 8 de octubre coincidió por casualidad con la Marcha Mundial de las Mujeres y, terminando su ceremonia, ellas la invitaron a dar el banderazo que marcaría el principio de su largo viaje a Nueva York. Así fue que Oumou Sangare se encontró sorpresivamente al frente de una marcha feminista gritando, "ˇya no más violencia!", en un idioma que, cinco días antes, nunca había hablado.

Terminando el concierto del Zócalo, ningún músico pudo resistir la invitación a bailar con la orquesta cubana, Los Van Van. Para los dos invitados de Oumou Sangare, Kasse Mady Diabaté y su hermano Lafia, fue más que el simple gozo de la buena música. Una generación mayor de Oumou, los dos músicos malienses, interpretaban la música cubana en Malí durante los años 70 y 80 cuando el son y la rumba eran la música de moda en todas los antros del áfrica Occidental. Kasse Mady interpreta parte del repertorio de la Orquesta Aragón aunque, en esta viaje a México, está cantando las alabanzas tradicionales de su propia casta de los músicos hereditarios, los jelis o griots.

Después del Zócalo, los músicos tuvieron que apurarse para tomar un avión a Guadalajara donde, la noche siguiente, impresionarían al público jalisciense que llenó el Teatro Degollado. Sin embargo, antes de salir del Zócalo, el autobús pasó cerca de un grupo de concheros, y Oumou insistió en bajarse de nuevo para bailar con ellos. La recibieron con su comal y sus ritmos que, según lo músicos, les recordaron mucho las percusiones de los dogón de Malí.

En Toluca, el día 11 de octubre, la magia seguía, con el Teatro Felipe Villanueva lleno de gente, sobre todo de jóvenes, que recibieron al 'ruiseñor del Wassolou' como una amiga entrañable. "Señora Oumou -dijo una de las asistentes- nos ha traído vida a Toluca"- mientras que los organizadores del concierto se quedaron impactados por la respuesta del público. "En Toluca la gente es muy fría para los conciertos" -comentó la contadora del Instituto Mexiquense de la Cultura-. Luego lo pensó de nuevo...: bueno, era muy fría," dijo.

Con sólo dos conciertos pendientes en su gira, Oumou salió rumbo a Veracruz y Cuernavaca. En cada lugar hacía una petición peculiar, reflejando un espíritu incansable y que explica, tal vez, lo grande que es su entrega. En Veracruz pidió visitar Mandinga, por la historia que le había contado el museógrafo senegalés Eri Camara de cómo habían llegado los esclavos del imperio maliense en los tiempos de la Colonia, si no es que antes, demostrando así que los contactos entre Malí y México no empezaron con Oumou y los músicos mandingas que la acompañan.

En el Jardín Borda de Cuernavaca, la última presentación de la gira, Oumou anunció a sus músicos que iba a ofrecer más de sí misma que nunca en su vida. Le encantó el escenario al lado de un lago; le estaba encantando el público mexicano y este concierto iba a ser el reconocimiento de su placer. Sólo Tlaloc pudo parar a esta gran artista, de quien esperamos su pronto regreso.